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Nací el 28 de octubre de 1969 en Leipzig (anterior República Democrática Alemana). Ahí pasé los primeros 14 años de mi vida y estudié la escuela primaria. Estudié la escuela secundaria obligatoria y el bachillerato en Nuremberg (Alemania del Oeste). Terminé el certificado en Pedagogía y el doctorado en Filosofía en la Universidad de Hamburgo.
Aparte de mi carrera como científico, tengo una educación versátil en el arte, especialmente en música: tomé clases de piano, órgano (musica eclesiástica), guitarra, canto y teoría musical. Desde que era niño trabajaba tambien en diferentes proyectos de teatro, en primer lugar como actor, más tarde como estudiante de dramaturgia, fui también assistente del director e investigador de teatro.
Como se puede ver en mi currículum vitae, tengo mucha experiencia en la enseñanza. Durante mis años escolares comencé a involucrarme en proyectos sociales muy diferentes: guiaba un grupo de niños para una iglesia protestante en Nuremberg y organizaba viajes colectivos para jóvenes a mi tierra natal. Mientras estaba estudiando en la Universidad de Hamburgo seguía con mi compromiso social y trabajaba en lugares muy diferentes, como un asilo de ancianos, una residencia de personas con discapacidades mentales, un jardín de niños, un centro juvenil y en la Universidad como colaborador científico. Sin embargo, no he trabajado sólo por compromiso social, porque tenía que ayudar a financiar mis estudios, pero siempre he tenido la intención de que mi trabajo beneficie también a los demás. Por otra parte, tuve un gran ánimo de expresar y extender mis capacidades y talentos de una manera más práctica ya que las clases de la universidad eran más intelectuales y teóricas.
Aparte de mis estudios de los conceptos occidentales de educacíón, siempre me ha inspirado mucho el ocuparme de modelos alternativos como se han presentado en otros contextos culturales porque a veces éstos ofrecen soluciones de convivencia que aquellos no dan. Es posible que mi infancia en la parte oriental de Alemania me hiciera más sensible por el disfrute de estas diferencias. En nuestra época de la llamada globalización, estas diferencias parecen que ser cada vez menos importantes, porque en efecto, todas las culturas son simplificadas y reducidas cada vez más en un sistema mundial de comercio. Pero por supuesto eso es un desarrollo fatal, porque ya ha causado que unas idiosincrasias culturales importantes estén a punto de desaparecer. Uno podría preguntarse si el mantenimiento de ellas vale verdaderamente la pena cuando confrontamos todos los días unos problemas mucho más prácticos. Pero en primer lugar, esta "nivelación" tiene probablemente la culpa de muchos problemas actuales, en segundo, que no, no somos todos iguales, y en tercer lugar, surge la pregunta a dónde vamos cuando ya no sabemos de dónde venimos. Por eso me parece más que nunca muy importante, si no necesario, buscar y elaborar alternativas de comprensión cultural y de modales sociales - incluyendo una disposicíon más positiva para dirigirse a otros, a fin de entendernos a nosotros mismos. Además creo que la diversidad cultural significa también un patrimonio rico del ser humano. Si somos capaces de aprender a sentir un deleite especial en esta diversidad (en lugar de tener miedo) quizás podremos manejar y mejorar la vida de todos de una manera más respetable y constructiva a la que estamos acostumbrados.
Por eso he tenido siempre un veradadero interés en las necesidades de la gente o grupos marginados de la sociedad que existen en todos los países, culturas o civilizaciones. Durante mis viajes a África y América Latina ha crecido en mí la convicción de que un trabajo cultural activo puede ofrecer una contribución enorme para la comunicación entre las culturas. Así, creo que, por ejemplo, el trabajo en el campo de las artes escénicas puede intensificar la experiencia de dicho deleite en la diversidad, de la manera en que no sólo dan la oportunidad de consumirlas (lo que siempre parece un poco "barato") sino verdaderamente de vivirlas. Eso podría suceder -en el mejor de los casos- mediante la característica específica de este género, es decir, en su contexto artístico (en el significado "creativo") y artificial (en el significado "fantástico", porque ofrece la posibilidad de expresarse libremente sin el riesgo de ponerse en ridículo). De esta manera, el teatro puede dar una clave para la comprensión y la integración de la gente en un sentido realmente intercultural - no solo en el Occidente, sino en todos los países, inclusive y especialmente en el mal llamado "Tercer Mundo".
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